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Así fueron las dos semanas que desbordaron la sanidad

EL PAÍS: “Me llegan a preguntar hace años si se podía hacer y diría ‘estás loco, es imposible esto'”. Jon Guajardo, gerente del área asistencial de Barrualde-Galdakao (Vizcaya), fue el encargado de lidiar con la mayor prueba de estrés a la que se ha visto sometida nunca la sanidad. Su hospital llegó a tener incrementos del 20% diarios en ingresos de nuevos pacientes con coronavirus. La semana crítica fue la del 23 al 29 de marzo. Hubo que vaciar la planta psiquiátrica y trasladar a los enfermos a otro centro, abrir una unidad nueva de hospitalización en el gimnasio de rehabilitación, crear 10 camas de UCI en el hospital de día, dar altas rápidas en cuanto los pacientes estaban estables para que pudieran entrar nuevos… De 16 unidades, 13 se llenaron de pacientes de covid-19. “No llegamos a colapsar, pero fueron momentos muy difíciles”, recuerda.


Entre finales de marzo y primeros de abril varias comunidades soportaron una presión asistencial inaudita. Entre el 23 de marzo y el 3 de abril se registraron en España más de 2.000 hospitalizaciones diarias por covid-19, con picos de hasta 3.500, y más de 500 ingresos en unidades de cuidados intensivos (UCI). Los datos de ocupación de camas y de puestos de UCI que ha analizado EL PAÍS, a partir de información del Ministerio de Sanidad y de las propias comunidades, muestran que Cataluña, La Rioja, País Vasco, Navarra o Aragón vivieron por esas fechas varias jornadas en las que los ingresos en cuidados intensivos fueron, de un día para otro, del 15% de las camas que tienen habitualmente. El tamaño medio de una unidad UCI en España es de entre 10 y 15 camas: en las dos semanas que desbordaron el sistema, muchos hospitales vieron llenarse estas instalaciones en un solo día.
 
Para entonces los españoles ya llevaban unos días confinados (desde el 14 de marzo), pero los efectos de la transmisión descontrolada de la enfermedad estaban en su máximo apogeo: la naturaleza exponencial de la epidemia hace que golpee con retraso. Muchos hospitales tuvieron que transformarse por completo. Dejaron de operar, cancelaron consultas, equiparon camas con respiradores…

“Los datos confirman el extraordinario esfuerzo —auténtico heroísmo— de los profesionales y los gestores de los centros para adaptarse a una avalancha de enfermos, muchos graves y necesitados de UCI”, señala Félix Lobo, profesor emérito del Máster de Evaluación Sanitaria de la Universidad Carlos III de Madrid, que valora también la “flexibilidad y capacidad de adaptación” que han demostrado. Pero apunta a varias “enseñanzas” de las que habrá que tomar nota en el futuro, como la importancia de la planificación. “Más importantes que los recursos físicos (número de camas, respiradores…) son los profesionales bien preparados”, asegura. “No parece haber habido mucha coordinación entre comunidades autónomas. ¿Compartimentos estancos también en pandemia?”, se pregunta. “Los sistemas de información han fallado y se ha visto que no están coordinados”, añade.

Entre los gerentes consultados para este reportaje, los de País Vasco y Navarra atribuyen a la planificación y a sus buenos sistemas de información el haber aguantado. En Navarra tuvieron el primer caso el 29 de febrero. “Trabajamos con modelos predictivos de necesidades que nos daban plazos de entre 24 y 72 horas de reacción, el tiempo suficiente para adelantarnos”, asegura Alfredo Martínez, gerente del Complejo Hospitalario de Navarra y coordinador del plan de contingencia de esa comunidad. El modelo matemático se basaba al principio en datos de China y luego de Italia y llegó a predecir necesidades muy por encima de las reales. “Eso nos obligó a estar preparados para más de lo que luego vino y nos ayudó a no colapsarnos”, añade. En Navarra fue clave la colaboración con la atención primaria, las urgencias extrahospitalarias y, sobre todo, los equipos de hospitalización domiciliaria, asegura.

Para evitar el ingreso de tantos pacientes, varios equipos formados por personal del hospital se desplazaban a los domicilios para atender a personas con gravedad moderada. En las estadísticas cuentan como hospitalizados, pero en realidad estaban en sus casas, incluso aunque necesitaran tratamientos intensivos como oxigenoterapia o perfusión intravenosa de fármacos. También se medicalizó un hotel, que llegó a tener algo más de 100 pacientes, para los casos en los que no se dieran buenas condiciones en el domicilio. “La semana del 23 fue la peor”, recuerda Martínez. “El hospital abría una nueva planta covid cada día o como mucho cada tres días. Llegamos a abrir dos simultáneamente el mismo día”. Martínez cree que ante un nuevo brote el sistema ya sabría dónde están las fortalezas y las debilidades: “Sería más fácil que la primera vez, pero tenemos el limitante del cansancio de los profesionales. Necesitan recuperarse”.

En el hospital de Las Cruces de Bilbao el protocolo que dio con la clave para atender a los pacientes de covid-19 era la versión 14 de un documento que empezó a cambiar nada más llegaron los primeros enfermos. “Habíamos empezado a trabajar unos meses antes en un protocolo para incidentes con múltiples víctimas, pero nada específicamente de una pandemia: era más enfocado a un ataque terrorista, un gran accidente de transporte, etc. Algunos elementos nos sirvieron de base para esto, pero no teníamos nada específico para una situación así”, comenta Gonzalo Tamayo, del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital. Se considera afortunado por los recursos, humanos y materiales, con los que cuenta su centro, que asumió la carga de los que se iban saturando en el País Vasco. El centro llegó a tener abiertas simultáneamente 90 camas de pacientes críticos de covid-19, todas con respiradores, más 25 de críticos por otras patologías, cuando su capacidad normal es de 69 camas. Una clave de este logro fue aprender a gestionar la información de tantos pacientes gracias a una colaboración con una startup que les permitió recopilar y analizar los datos.

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